Giuseppe Verdi: Un ejemplo de superación

Giuseppe Verdi nos inspira, lo consideramos ejemplo de superación, además del gran compositor de la ópera que fue.
Luego de que su segunda composición (un Giorno di Regno) fuese considerada un fracaso y a pesar de la trágica pérdida de su primera esposa e hijos, Verdi salió adelante , hizo una de las óperas más universales y magníficas: Nabucco, que sirvió para exaltar el carácter nacionalista del pueblo italiano cuando el país vivía una situación política difícil; y el coro Va Pensiero, perteneciente a esta obra, sirvió para unir a los italianos en ese momento.

Fue un hombre que a pesar de las adversidades siguió adelante y creó admirables piezas, entre un total de 28, que han perdurado y –pensamos- perdurarán en el tiempo, porque Verdi ya dejó de ser solo del pueblo italiano y se convirtió en un personaje universal. Mientras más escuchamos al maestro, mucho mayor es la sorpresa y la pasión por su obra.

De orígenes campesinos

Giuseppe Fortunino Francesco Verdi nació el 10 de octubre de 1813 en Le Roncole, Busseto, estado de Parma (Italia). Sus orígenes -de los que se sentía orgulloso- fueron campesinos, pero él siempre estuvo dispuesto a los cambios, actitud que lo llevó a reinventarse ante cualquier dificultad. Su padre, Carlos Verdi, tenía un posada; mientras que su madre, Luisa Utinni , era tejedora.

Desde niño sintió afición por la música y su enorme talento fue descubierto por Antonio Barezzi, un importante hombre de negocios y miembro de la Sociedad Filarmónica de Busseto, quien se convirtió en su benefactor. Verdi se mudó a la casa de Barezzi, cuando tenía 12 años de edad, continuando sus estudios con Ferdinando Provesi, uno de sus primeros tutores, desde 1824.

No fue admitido en el Conservatorio de Milán

A sus 19 años de edad, Verdi intentó ingresar al Conservatorio de Milán, pero no fue admitido, pues sobrepasaba la edad y consideraron que su formación musical era más autodidacta que académica. Sin embargo, se quedó en Milán y pudo dar continuidad a su educación, con clases particulares del compositor (también italiano) Vincenzo Lavigna, quien lo condujo a describir su verdadera vocación en el Teatro de la Scala.
Anecdóticamente, el Conservatorio de Milán lleva actualmente el nombre de “Giuseppe Verdi”, desde 1901, tras la muerte del compositor; a pesar de que Verdi no quería, según lo había manifestado públicamente.

Verdi regresa a Busseto como profesor de música. En esa localidad contrajo nupcias con la hija de su benefactor, Margherita Barezzi, y tuvieron dos hijos (Virginia e Icilio). No obstante, Verdi quiso regresar a Milán, donde -en 1839- estrenó su primera ópera: Oberto. Ésta se produjo en el Teatro de la Scala y -aunque obtuvo un éxito modesto- abrió las puertas al compositor a más contrataciones.

Fallecen sus hijos y esposa

Cuando la carrera de Verdi comenzaba a alzar vuelo, fallecen seguidamente sus hijos y su esposa; todavía así el compositor pudo crear -en 1840- su siguiente ópera (Un Giorno di Regno), pero no tuvo éxito con este “melodrama jocoso”, de hecho no pudo finalizar el estreno porque fue abucheado, por lo cual juró no componer más.

Sin embargo, dos años después, en 1842, estrena su tercera ópera: Nabucco, una tragedia lírica que obtuvo un éxito enorme. De ahí en adelante, Giuseppe y sus óperas se volvieron un símbolo de la independencia italiana.

Luego de la gran receptividad que alcanzó su tercera obra, el maestro empezó a componer por encargos y a un ritmo de una ópera por año; y a partir de 1847 pasa largas temporadas en París.

Lo siguiente en la carrera de este gran compositor fue la creación de su trilogía popular: Rigoletto, estrenada el 11 de marzo de 1851 en el teatro La Fenice de Venecia; Il Trovatore, presentada por primera vez el 19 de enero de 1853 en el Teatro Apollo de Roma;y La Traviata, el 6 de marzo de 1853 en el mismo La Fenice.

Su segundo matrimonio

Verdi se volvió a casar. Contrajo segundas nupcias con la soprano Giuseppina Strepponi, quien había interpretado el papel de Abigaille en el estreno del Nabucco. Se casaron en secreto el 29 de agosto de 1859, en Francia, después de 17 años de convivencia.
Guiseppe desarrolló su propio lenguaje teatral, apartado del melodrama, como muestra de ello están sus magistrales piezas: Il Ballo, La Forza, Don Carlos y Aida. Este compositor decidió retirarse cuando tenía 68 años de edad, luego de estrenar Aida y Requiem, pero dijo adiós a los escenarios cuando alcanzó la edad de 80 años. En estos doce años se entrenaron Otello (1887) y Falstaff (1893).

Verdi decidió descansar en una villa (Sant`Agata) que había comprado en 1848 cerca de su tierra natal, donde pudo dedicarse a las labores del campo, que tanto le gustaban. En 1897 muere su mujer Giuseppina, quedando sólo otra vez, pero aún con el ánimo para hacer otra obra, pero en esta oportunidad de carácter social; y en 1899 crea la fundación para la Casa Verdi, en Milán, para acoger “a los viejos artistas de canto no favorecidos por la fortuna, o que no tenían de jóvenes la virtud del ahorro”.

El gran maestro muere el 27 de enero de 1901, por problemas de salud, en Milán, donde pasó sus últimos inviernos. Verdi es considerado (para nosotros también) inmortal, por su vida, su trayectoria y su música.